Proyecto incentivado por la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa
“Entrar en una cárcel es un viaje macabro al sin sentido”
Fátima Miralles
Los individuos para convivir - o al menos para intentarlo - creamos una normativa, que enmarca la moral. Esta moral, propia de cada sociedad y cada cultura, se plasma en leyes, que por el mero hecho de serlo, no son siempre sinónimo de justicia y cuya aplicación no es igual para todos: esto es un hecho dolorosamente cotidiano. Para defenderse de quienes infringen estas leyes , la sociedad crea las carceles cuyo objetivo, de acuerdo con el artículo 25.2 l de nuestra Constitucion , seria la privación de libertad y la reinserción”, o sea ,reparacion por un lado y rehabilitación por otro. pero si ya es injusto que las leyes no sean de similar aplicación para todos, las consecuencias de la infracción de las mismas incide negativamente en la diferencia.
Si este objetivo de reparación y rehabilitación , en base a puntos de partida iguales para todos, fuese escrupulosamente respetado, se podrían asumir la razón y razones, así como la necesidad social de una institucion de estas características: al ciudadano que infringe la normativa al uso se le priva de uno de sus derechos fundamentales, la libertad , durante un tiempo establecido en el código penal vigente. Y no para castigar sino para rehabilitar.
Pero esto no es así porque, de la misma manera que las leyes no son iguales para todos , “la prisión forma parte de los procesos de reproducción de la desigualdad social y económica, como instancia de control y dominación”(César Manzanos) y en una gran mayoría de las cárceles, se puede asistir a un proceso que culmina en una fragmentación de la identidad de estos ciudadanos, lo que deslegitima el objetivo y convierte esta Institución, en la mayoría de los casos, en un instrumento cruel e inútil.
. Si el medio carcelario es cruel para cualquier persona, lo es especialmente para los ciudadanos usuarios de drogas. Es cierto que cometen muchos y variados delitos, y como ciudadanos que son, al ser sujetos de derechos , lo son también de deberes ,con los matices adecuados. Pero todos sabemos de la realidad de lo que ocurre en el interior de las cárceles: las mafias, “los correos”, y a lo que quedan reducidos sus derechos - incluido el de la salud. Y, ante todo, ¿dónde queda su dignidad?.
Que nadie se llame a engaño: no es necesario ser abolicionista radical para reivindicar una cárcel distinta, que permita cubrir los objetivos que establece nuestra Carta Magna, para que los “presos” sean , siguiendo el Código Penal, privados de libertad. ¿No es ya suficiente penalización ?
En ultima instancia, y quizá rebajando el listón, exijamos por lo menos el cumplimiento estricto de la Ley General Penitenciaria, como marco mínimo de los Derechos Humanos y constitucionales de los reclusos.
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