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El blog de Maria Dolores Rodriguez
¿Quién soy?

-Actualmente ciudadana jubilada
-En 2003, medalla del Plan Nacional sobre Drogas, a título individual por “el trabajo llevado a cabo con los colectivos más desfavorecidos”
-Miembro de ATTAC, AMNISTIA INTERNACIONAL, RAIS, HUMAN RIGHTS WATCH, etc…
-Voluntaria de Pueblos Unidos (centro de acogida y busqueda de empleo para inmigrantes)

“Entrar en una cárcel es un viaje macabro al sin sentido”
Fátima Miralles
 

Los individuos para convivir - o al menos para intentarlo - creamos una normativa, que enmarca la moral. Esta moral, propia de cada sociedad y cada cultura, se plasma en leyes, que por el mero hecho de serlo, no son siempre sinónimo de justicia y cuya aplicación no es igual para todos: esto es un hecho dolorosamente cotidiano. Para defenderse de quienes infringen estas leyes , la sociedad crea las carceles cuyo objetivo, de acuerdo con el artículo 25.2 l de nuestra Constitucion , seria la privación de libertad y la reinserción”, o sea ,reparacion por un lado y rehabilitación por otro. pero si ya es injusto que las leyes no sean de similar aplicación para todos, las consecuencias de la infracción de las mismas incide negativamente en la diferencia. 


Si este objetivo de reparación y rehabilitación , en base a puntos de partida iguales para todos, fuese escrupulosamente respetado, se podrían asumir la razón y razones, así como la necesidad social de una institucion de estas características: al ciudadano que infringe la normativa al uso se le priva de uno de sus derechos fundamentales, la libertad , durante un tiempo establecido en el código penal vigente. Y no para castigar sino para rehabilitar. 

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Publicado el martes, 23 de junio de 2009, a las 05:29, por Maria Dolores Rodriguez

KANT
“ACTÚA DE TAL MANERA QUE TRATES
A LA HUMANIDAD SIEMPRE COMO UN FIN
Y NUNCA SOLAMENTE COMO UN MEDIO”.
 

1 - ES FACIL HABLAR DESDE DETRÁS DE UNA MESA 

“No se puede atravesar un campo de batalla con una rosa en la mano” 
  Michel Foucault
 

 

Me vais a permitir que, para esta breve reflexión conjunta, empiece hablando de mi experiencia – y no solamente de la mía, sino de la de muchas otros compañeros que me han enseñando y me enseñan en esto de la acción social.

Y lo haré con todo el respeto y todas las cautelas porque esa centralidad kantiana , es para empezar, la nuestra: somos cada uno de nosotros fin en nosotros mismos - nunca un medio - y como tal hemos de actuar, hacia nosotros y hacia los demás. 

Como cualquiera de nuestros conciudadanos, somos y formamos parte de la sociedad civil, pero tenemos un compromiso que hemos adquirido libremente y que nos obliga, no a ser invulnerables – sólo faltaba -, sino a intercambiar, a interaccionar con una población especialmente frágil y fragilizada pero que, a su vez, – y esa es la otra cara de la moneda – nos da una cartas estupendas para jugar en la vida: nos permite convertir la amenaza en oportunidad, nos proporciona la posibilidad de ir más allá del mero ejercicio de una falsa ciudadanía, por pasiva, y, (8) nos permite intervenir de forma activa en una sociedad inmersa en una cierta atonía, para, desde los micromundos, hacer pequeñas transformaciones. Transformaciones que, unidas unas con otras y creando vínculos, provocan unas sinergias, y de micro en micro... (9) no es que lleguemos a transformaciones de lo macro pero haremos aflorar esperanza, ilusión y pequeños cambios que son precisamente el motor y la levadura para empujar hacia ese macro que a nosotros se nos escapa: seremos parte de “las cosas chiquitas”. 

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Publicado el martes, 23 de junio de 2009, a las 02:09, por Maria Dolores Rodriguez
Última edición el martes, 23 de junio de 2009, a las 04:50, por Maria Dolores Rodriguez

“…Porque vos sabés que podés contar conmigo”

Mario Benedetti
 

El asociacionismo es uno de los cauces vertebradores de la participación social y tiene que ver con ciudadanía y con valores: los valores propios, inherentes al ejercicio de esa ciudadanía. Nos asociamos para dar vida a nuestros barrios, para denunciar -desde la positiva cultura de la denuncia-, para reivindicar nuestros derechos, los de todos Nos asociamos para “hacer ciudad”, humanizada, a escala humana. Nos asociamos y motivamos el asociacionismo porque la “muerte social” amenaza a todos pero fundamentalmente a los más vulnerables.

Hay momentos en los que el asociacionismo cobra especial protagonismo: una sociedad será menos escéptica, más ilusionada e ilusionante si cree en sí misma y actúa en consecuencia. No hablamos de gregarismo ni de endogamia: hablamos de interacción, de comunicación, de defensa y reivindicación de mejoras e intereses individuales -asumidas por todos- y comunitarios y de la dialéctica de derechos y deberes.

Desde que el mundo es mundo, nos hemos “asociado”. Los primeros núcleos de convivencia, ¿qué eran sino “asociaciones” para compartir y facilitar unas condiciones de vida especialmente duras?. Nos asociamos para reunirnos con los ciudadanos organizados con valores similares, en una apuesta por “el bien común”, más allá de las subvenciones, por servicios o por intereses. Para constituir el fiel de la balanza entre un estado paternalista y una “sociedad de mercado”. Por ello quizá es en momentos especialmente difíciles en los que ese asociacionismo se hace imprescindible: es más fácil unirse para reivindicar aspectos concretos en momentos difíciles que hacerlo cuando esta necesidad no es especialmente emergente para el conjunto de la sociedad.

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Publicado el lunes, 15 de junio de 2009, a las 23:59, por Maria Dolores Rodriguez

"Primero se llevaron a los negros, pero a mi no me importó porque yo no era. Enseguida se llevaron a los judios, pero a mi no importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó. Luego apresaron a unos comunistas, pero como tampoco soy comunista, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde."

Bertold Brecht
 

Se dice que la percepción social con respecto a los drogodependientes ha cambiado en positivo. Se dice que la sociedad tiene actitudes más “tolerantes” en lo que respecta a este problema y sus consecuencias. Se dice ya se considera a los toxicómanos como enfermos y no como delincuentes. Se dice en las encuestas de opinión. Y este “se dice” puede obedecer a dos razones bien distintas: la primera sería que los ciudadanos seamos más politicamente correctos que lo eramos hace algunos años y que manifestemos en las encuestas o en una conversación lo que se espera de unos ciudadanos democráticos y solidarios o que, podría ser, estemos empezando a actuar efectivamente como tales, de acuerdo con los dd.hh. y con esa paz social que preconiza nuestra Constitución.


Pero, el lenguaje de los hechos nos dice, incluso nos demuestra, algo muy distinto: esto es cierto en tanto y cuanto los ciudadanos - drogodependientes no adquieren visibilidad. A partir de ese momento, los ciudadanos - no heroinomanos, se organizan en para ir a la “caza” de toxicomanos, prostitutas e inmigrantes; impiden, desde el activismo más militante, la apertura de nuevos centros de tratamiento o se oponen a la instalación de un centro de emergencia o de una sala de venopunción.

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Publicado el lunes, 01 de junio de 2009, a las 23:59, por Maria Dolores Rodriguez
Última edición el martes, 23 de junio de 2009, a las 06:51, por Maria Dolores Rodriguez

Triste época la nuestra ¡ Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio!.
Albert Einstein


Cuando tenemos que hablar de la percepción social de las “drogas”, nos surge una primera cuestión que debemos constituir en punto de partida de la reflexión. ¿ Nos referimos a la percepción social de las “drogas“ o de los drogodependientes? Posiblemente, en un alarde de inconsciente colectivo, desde la sociedad, nos estemos refiriendo a los drogodependientes. La “droga “es mala, (demonizamos una mera sustancia), las personas que consumen esa sustancia son malas ergo los drogodependientes son malos (los demonizamos y estigmatizamos). Pero este reduccionismo es perverso: “ellos” no son meras sustancias. Son personas . Son ciudadanos. Son seres humanos especialmente desafortunados por sus condiciones vitales: no han sabido o no han podido gestionar su libertad.


 A raíz de la restauración de la democracia, aparecen una serie de nuevas pautas de conducta y maneras de vivir para las que no ha habido una preparación previa. También la libertad necesita de un aprendizaje. Un aprendizaje de vivir como ciudadanos y no como súbditos. Como tantas otras veces, aquí también se dio la ley del péndulo: del autoritarismo se pasa a una permisividad y a unos estilos de vida en los que la droga sirve de chivo expiatorio ante desencantos, espejismos y una serie de expectativas y potenciación de valores que, un tanto infundadamente , se habían soñado e identificado con la llegada de la democracia. Valores como justicia, igualdad o, simplemente, proyectos y expectativas ilusionantes .

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Publicado el sábado, 30 de mayo de 2009, a las 23:59, por Maria Dolores Rodriguez
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